El humo de El Corte Inglés

Dice un viejo proverbio castizo, parodiando una vieja campaña publicitaria contra los incendios veraniegos, que ‘cuando un bosque se quema, algo suyo se quema, señor conde’. Lo de ‘señor conde’ es lo que añadió el cruel populacho para significar que los bosques no son de la gente normal sino que suelen tener dueño y ese dueño suele ser algún poderoso o poderosa, por lo que en realidad se queme o no el bosque tú y yo nos vamos a quedar igual de tiesos. Lo malo es que al final, aunque no seamos los dueños del bosque, si se quema nos afectará porque nos quedaremos sin un pulmón natural, sin un sitio para pasear y sin una serie de puestos de trabajo que, aunque de poca monta, daban de comer a unos cuantos.

El Corte Inglés es el bosque que estos días huele a humo. Después de un 2019 en el que el beneficio subió un 20% respecto al año anterior, la empresa tropezó, como todos, con la pandemia de 2020 y las cosas cambiaron, bajó la facturación, llegaron las pérdidas (se esperan 350 millones a final de año) y subió su deuda (4.500 millones de euros a pagar en los próximos cuatro años) que ya de por sí es problemática. Cuando un gran almacén se quema, algo suyo se quema, señor conde, diría el castizo, pero El Corte Inglés ya ha anunciado que va a despedir a 3.000 trabajadores porque los tiempos están cambiando. Todos los despidos serán a base de jubilaciones anticipadas y bajas incentivadas, pero será gente que perderá el trabajo y gente que dejará de cotizar a la Seguridad Social.