Al final: ¿no pasó nada con Facebook ni con el androide Zuckerberg?

Internet tiene el superpoder de perdonar y olvidar en cuestión de días, a veces de horas. En Facebook ocurrió un terremoto, pero fue lo suficientemente superficial como para que no hubiera mayor afectación. El monopolio azul perdió algunos miles de millones de dólares y poco más. Dinero que recupera en cuestión de días.

Quedó, eso sí, para la posteridad la imagen de Mark Zuckerberg pasmado ante el congreso de los Estados Unidos. Su mirada siempre perdida y sus respuestas insuficientes, acompañadas de una sonrisa nerviosa, retrataron a uno de los dueños del planeta como una persona superada por el monstruo que creó y que, sin duda, se le salió de las manos.

Más allá de los memes y los videos de tres minutos, todos comparando a Zuckerberg con un androide, no pasó mayor cosa. El hecho de que el monopolio Facebook haya permitido que se le metieran a sus bases y robarán la información privada de 85 millones de usuarios quedó como anécdota para los usuarios. Y no es crítica o señalamiento, es simple descripción. La pregunta del millón ¿qué harán los gobiernos ante ese hecho histórico?

No sé si hayan visto el clásico The Godfather Part II. El caso es que hay una secuencia en la que el jefe la mafia, Michael Corleone, tiene que enfrentar el juzgamiento de un grupo de senadores que, por primera vez, tienen la voluntad política de enfrentar al crimen organizado, que para la época se había apoderado del negocio del juego y la prostitución en buena parte de Estados Unidos. Michael Corleone logra escabullirse del juicio con una jugada maestra y todo queda archivado.

Bien. Lo ocurrido con Mark Zuckerberg es muy similar. En los años 50, todos en Estados Unidos sabían que la mafia manejaba los negocios más jugosos: la droga, el juego y la prostitución. Pero solo hasta finales de la década, el Estado en general y los políticos en general se dieron por enterados y comenzaron a buscarle el quiebre al crimen organizado (lo lograron desarticular en la primera década del nuevo milenio). Lo que quiso retratar Francis Ford Coppola en la segunda entrega de El Padrino fue, precisamente, que los políticos también querían tajada y se metieron de lleno en los negocios.

En tiempo presente, todos saben que Facebook es un monopolio, que trafica impunemente con información privada de miles de millones de personas, que manipula emociones y que construyó un monopolio imperial a fuerza de tres simples palabras: términos y condiciones. Todos sabemos y realmente no es que nos importe mucho. Al final, estamos de acuerdo con la transacción: lo conecto con las fotos de su tía a cambio de su información más sensible.

Ahora, lo que sí es determinante es que los políticos se hayan dado por enterados de los flagrantes abusos de Facebook. Así no haya pasado mayor cosa, la audiencia de Zuckerberg ante un grupo de ancianos, que todavía usan Black Berry, sí puede ser un quiebre histórico. A ver, si hay algo cierto es que los políticos -y más los gringos- no se le meten a cualquier tema, y ya vieron que Facebook puede ser una mina de oro para sus aspiraciones próximas y para la consolidación de sus proyectos y agendas.

Las palabras claves acá son ‘voluntad política’. Que no es más que ‘ganas de buscar tajada’. Lo que ya está pasando es que los políticos americanos y europeos (los de acá ni saben, ni entienden, ni dimensionan) están apretando al monopolio para que los meta en el business o se atenga a las consecuencias. Con voluntad política, los legisladores seguramente se meterán en el berenjenal de tratar de regular a las plataformas en internet.

Al final, los queridos políticos no tienen el superpoder de perdonar como internet, pero sí tienen el don de la gobernanza.  Y ustedes saben qué pasa cuando los políticos se meten con una mafia….