Un profesor prohíbe la tecnología en su clase, y las notas de los alumnos mejoran

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El 9 de mayo, Lindsay Mckenzie publicaba un artículo en Inside Higher Ed ideal para reflexionar sobre las nuevas tecnologías y la educación.

Hay un discurso muy extendido que afirma que las escuelas deberían estar abiertas a las innovaciones tecnológicas y a la presencia de las nuevas tecnologías en el aula. Para justificarlo se apela a cambios culturales en la forma de relacionarse de los jóvenes, así como a la supuesta pérdida de sentido de la clase magistral cuando la información y por tanto el conocimiento están disponibles en Internet para todo aquel que quiera utilizarlo.

Mckenzie comenta un caso que va en contra de esa lógica, y de una manera muy peculiar.