Del Clarín al Tuit

“..Y si queremos saber cómo deben ser nuestros tanques en la hora del combate: ¡deben ser como la caballería camagüeyana de Ignacio Agramonte en el rescate de Sanguily!…”  Fidel Castro, en la velada por el centenario de la caída del Mayor.

Máximo Gómez le enseñó al Ejército Libertador el uso del machete. Agramonte creó un cuerpo de caballería que causaba pavor a los españoles. Tal vez el rescate del Brigadier Sanguily sea el exponente más encumbrado de este tipo de guerra de guerrillas usando una caballería que se movía como un solo hombre y realizaba complicadas maniobras inesperadas para los españoles. El éxito de las complicadas y temerarias maniobras se basaba en una disciplina estricta, un entrenamiento exhaustivo y una ejecución instantánea de las voces de mando del Mayor. Poco se habla de la forma en que se transmitían las voces de mando a una caballería en medio del fragor del combate. El genial Juan Padrón lo explica de forma muy elocuente en su animado “El Clarín Mambí”.

El elemento clave en el medio del combate era el corneta, que traducía las voces de mando del jefe en toques del clarín. Sonidos breves, codificados, agudos, que llegaban a los oídos de cada jinete y de forma sintética mandaban a ejecutar una maniobra complicada, larga, perfectamente entrenada, y que ocasionaban una acción inesperada  y letal  para el enemigo. Pero bueno, como siempre divago, mis amables lectores saben que no soy historiador, lo mío son los radares meteorológicos.

¡Ah, si hubiésemos tenido twitter aquella madrugada del 13 de marzo del 93!

Yo solía dedicarme solamente a la parte tecnológica de los radares meteorológicos. Fue el “monstruo Tomás” el que me convenció cuando me puso al frente de la actividad de radares que el asunto no terminaba en que el radar hiciera su trabajo y adquiriera la información, sino que debía seguir la cadena: Adquisición-Procesamiento-Distribución-Análisis-Interpretación-Divulgación de la información de los radares. Al terminar la automatización de toda la red y la informatización del sistema, en el 2006, obtuvimos también el acceso a Internet. Y con el Internet…las redes sociales. Hoy quiero referirme a una de las formidables herramientas actualmente disponibles: Twitter.

He escuchado a algunas personas (refiriéndose a Twitter) decir: Yo prefiero Facebook, como si una cosa tuviera que ver con la otra ¡Son dos plataformas diferentes! Twitter parece hecho a la medida de lo que necesitan los jefes: mensajes cortos y claros (140 caracteres nada más) que le permiten a un jefe, cuyos subordinados están dispersos por una extensa geografía (Ministros, Viceministros, Jefes de organismos centrales, directores de institutos…), ir enfatizando y explicando, más que su estrategia de dirección (que suele estar clara en informes y ser convenientemente explicada en consejos y reuniones), sus tácticas diarias, para ir sorteando obstáculos e ir implementando la estrategia. De este modo los subordinados van captando diversos aspectos que surgen en el día a día. El tuit explica situaciones, estimula, exhorta, propagandiza logros, reconoce méritos. Es cierto que nada mejor que el contacto personal del jefe con los subordinados; pero cuando el jefe tiene un alcance nacional, por más que trate de adquirir el don de la ubicuidad, no puede explicar todo en persona. El tuit lo ayuda a que las personas sientan al jefe cercano, cálido, humano y muy actualizado.

Fidel desde la Sierra se preocupó por divulgar a todo el pueblo el sentido de la lucha, los avances, para eso surgió Radio Rebelde. Después fueron los discursos en la Plaza de la Revolución, las comparecencias en la TV, las clausuras de eventos, hasta llegar a las Tribunas Abiertas y las Mesas Redondas. Largos o cortos, los discursos de Fidel son un ejemplo de oratoria. Su poder de síntesis lo habría hecho un tuiteador perfecto. Mírese nada más su discuros en la Cumbre de la Tierra en Río: cada una de las frases podría haber sido un tuit: “Una importante especie biológica está en riesgo de desaparecer por la rápida y progresiva liquidación de sus condiciones naturales de vida: el hombre.”  “Hágase más racional la vida humana. Aplíquese un orden económico internacional justo.”  “Cesen los egoísmos, cesen los hegemonismos, cesen la insensibilidad, la irresponsabilidad y el engaño. Mañana será demasiado tarde para hacer lo que debimos haber hecho hace mucho tiempo.” Y qué decir de aquella frase que aun nos estremece “¡Cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla!”.

Así pues me resulta muy grato leer a los ministros que ya emplean esta herramienta y nos actualizan de las prioridades, nos alertan de las dificultades y nos exhortan y alientan a ser cada día mejores.

 

 

 

 

 

 

 

Nuestro Presidente da el ejemplo:

 

 

 

 

 

Y me parece estar escuchando la voz de Elpidio Valdés diciendo: Corneta, ¡Tuitee usted a deguello!… contra todo lo mal hecho #SomosContinuidad.

 

 

 

 

Del Clarín al Tuit

“..Y si queremos saber cómo deben ser nuestros tanques en la hora del combate: ¡deben ser como la caballería camagüeyana de Ignacio Agramonte en el rescate de Sanguily!…”  Fidel Castro, en la velada por el centenario de la caída del Mayor.

Máximo Gómez le enseñó al Ejército Libertador el uso del machete. Agramonte creó un cuerpo de caballería que causaba pavor a los españoles. Tal vez el rescate del Brigadier Sanguily sea el exponente más encumbrado de este tipo de guerra de guerrillas usando una caballería que se movía como un solo hombre y realizaba complicadas maniobras inesperadas para los españoles. El éxito de las complicadas y temerarias maniobras se basaba en una disciplina estricta, un entrenamiento exhaustivo y una ejecución instantánea de las voces de mando del Mayor. Poco se habla de la forma en que se transmitían las voces de mando a una caballería en medio del fragor del combate. El genial Juan Padrón lo explica de forma muy elocuente en su animado “El Clarín Mambí”.

El elemento clave en el medio del combate era el corneta, que traducía las voces de mando del jefe en toques del clarín. Sonidos breves, codificados, agudos, que llegaban a los oídos de cada jinete y de forma sintética mandaban a ejecutar una maniobra complicada, larga, perfectamente entrenada, y que ocasionaban una acción inesperada  y letal  para el enemigo. Pero bueno, como siempre divago, mis amables lectores saben que no soy historiador, lo mío son los radares meteorológicos.