El semionauta y la escritura no creativa: Reflexiones a partir de Soliloquy/ Enrique Cisternas

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Ingresar en la web es literalmente transitar por una tela de araña, la cual en su intrincado diseño va conformando un recorrido interconectado donde no podemos reconocer un principio y mucho menos un final para ese viaje. Bajo esa misma idea del viajero pienso en la imagen del semionauta de Nicolás Bourriaud.  Este crítico e historiador de arte francés propone que el artista contemporáneo es una especie de navegante entre distintos sistemas de signos, capaz de moverse libremente entre distintos medios de expresión, con la habilidad de reconfigurar los materiales y construir relaciones a partir de sus propios desplazamientos por estos distintos sistemas sígnicos.

Bourriaud menciona en su texto La exoforma que el problema de la estética contemporánea son los modos en que se reconfigura y enlazan los procesos de creación. De esta manera, el principal problema es organizar la multiplicidad. En la era de la información, donde el conocimiento está disponible al movimiento del click o de touchpad, se tiene mucha –demasiada- información disponible. La creatividad se juega, entonces, en saber re-mezclar esta información. En configurarse como un DJ que toma una muestra y puede re-crear y re-semantizar los elementos que tiene a su disposición.

Teniendo en cuenta esa idea que lo que importa es el modo en que trazamos los caminos cuando incursionamos en la web y, sobre todo, en la literatura creada para ser experimentada en entornos digitales, quisiera hacer el enlace a  Kenneth Goldsmith; a sus ideas sobre escritura no creativa y a su texto Soliloquy de 2001.

Debo el encuentro con la obra de Goldsmith a un buen samaritano que compartió parte de su obra crítica; ese enlace furtivo e ilegítimo me permitió conocer que ha llevado adelante el proyecto UbuWeb desde 1996 que se extiende como una gran antología de la vanguardia; en ella se mantiene un riquísimo archivo que van desde poemas declamados por el fervoroso Marinetti a piezas de poesía visual, arte conceptual, performático, entre otros. En definitiva, un valioso reservorio de obras que se hubiesen perdido en el tiempo y que también, como gesto, enlaza la poesía digital con sus antepasados vanguardistas.

Entre las distintas mareas de escritura que ha realizado Goldsmith, y que fue uno de los textos encontrados, se encuentra Escritura no creativa. La idea fuerte de este texto es que la gestión de información es la forma de (no)creatividad de este tiempo. La apropiación, del copy/paste, la recontextualización del material y la materialidad del texto:

La escritura contemporánea requiere de la pericia de una secretaria mezclada con la actitud de un pirata: copiar, organizar, cotejar, archivar y reimprimir, junto a una tendencia más clandestina al contrabando, el saqueo, el acaparamiento y la distribución de archivos. 

Así configura Goldsmith una estética y ética de la producción textual contemporánea. La creación como gestión de trascripciones, de hackeos a las textualidades, maestros del copiar y pegar. Esta idea, me parece bastante afín al semionauta, que es capaz de traspasar distintos sistemas de signos en su recorrido nómade entre formas de expresión y es capaz de realizar un remix de los materiales disponibles.

En este sentido, me llamó la atención una obra literaria digital de Kenneth Goldsmith titulada  Soliloquy.  A grandes rasgos Soliloquy (Soliloquio) es una transcripción de las conversaciones que tuvo Goldsmith durante el transcurso de una semana (entre Abril 15 y 21 de 1996): entrevistas, conversaciones con sus amigos y pareja; discusiones, llamadas telefónicas, infidencias, etc. Lo interesante de este ejercicio no-creativo son las elecciones tomadas para su producción. En la transcripción literal se omiten las voces de los demás interlocutores; es un gran soliloquio de Goldsmith.

El gesto transcriptor transgrede sus límites no-creativos y es tarea (¿debe ser una tarea?) del lector ir llenando los vacíos de la conversación. El tropo de la elipsis se agranda al eliminar la referencia del otro participante necesario en el diálogo cotidiano.

Soliloquy fue publicado en 2001 por Granary Books. Las más de 200 páginas de transcripción fueron re-mediadas (o sea, vueltas a otro medio) en 2002 y actualmente está alojada en la colección de eliterature.org[1]. El tránsito del contexto cotidiano, al medio impreso y luego su re-versión digital, es importante porque implica el tránsito del semionauta entre distintos modos y medios de expresión que vuelven un mismo material es distintos objetos.

Ahora me quisiera centrar brevemente en la situación de Soliloquy en su modalidad digital. Básicamente es la misma transcripción de su versión impresa, pero la elipsis sufre una expansión hiperbólica. Al acceder al sitio se está frente a una pantalla en blanco con el nombre de la obra y el autor en letras anaranjadas. Un enlace nos lleva a la explicación de la obra y el otro ofrece la puerta de entrada. Al hacer click asistimos a la presentación de dos epígrafes: uno de Wittgenstein sobre el sinsentido y otro de Gertrude Stein respecto a la escritura. Un siguiente enlace nos permite acceder a las transcripciones.

Allí podemos como lectousuarios elegir cualquier día de la semana. Incluso podemos buscar una palabra específica y nos llevará a la transcripción que la contenga. Lo verdaderamente digital comienza al seleccionar un día. Bajo el mismo fondo blanco, si seleccionamos, por ejemplo, el día Lunes podemos leer solamente “Good morning, how ya doin’?”. La primera frase de la transcripción. En cada página solo es visible el primer enunciado (cada día tiene, alrededor de 10 páginas).

El lectousuario, también un poco como el semionauta, va a llenar los vacíos de la pantalla en blanco movimiento el curso sobre esta. Al desplazarse se va descubriendo el texto. De acuerdo a nuestro movimiento se van descubriendo y ocultando las frases. Aparecen como destellos fugaces los pequeños fragmentos de una conversación en las que están ausentes los contextos.

Simulando la conversación, la textualidad anterior va desapareciendo (¿Cuántas veces hemos perdido el hilo de una conversación?). Se trataría de un gesto digital que no es posible replicar dentro de un entorno impreso; no se trata, en el tránsito semionáutico, del mismo texto transcrito.

Ha adquirido otra dimensión; por ejemplo, así como nuestras conversaciones son efímeras, lo mismo el texto en la pantalla es efímero; o que nuestras conversaciones del día a día son tan mundanas y poco interesantes que da igual en qué parte del texto queramos comenzar (¿Habremos tomado conciencia de cuántas intervenciones verbales las hacemos con un sí, no, ajá?).

En fin, la idea de estas breves relaciones era trazar la idea que los caminos dentro de la web están plagado de conexiones algunas fortuitas y, a la vez, furtivas. Que esos caminos describen nuestras conexiones con los textos y que existen obras que ha pensado acerca de este tránsito entre distintos medios de expresión, en este caso, textual.


[1] https://collection.eliterature.org/1/works/goldsmith__soliloquy.html