Internet es un servicio y las redes sociales son basura

Ayer fue un día crucial en la historia de mi vida y lloré de impotencia porque tenía un archivo de Excel ante mis ojos pero no tenía acceso a internet y supe entonces que internet dejó de ser un lujo o una diversión y se convirtió en un servicio porque hubiera sido más sencillo hacer ese trabajo si hubiera contado con YouTube para ver tutoriales sobre la tarea que me había sido encomendada.

Ayer supe lo pequeña que soy sin acceso a internet. Como ante la muerte, sin internet nos sentimos pequeños, ridículos e insignificantes, vemos con nuestros propios ojos la risa despiadada de Dios. El Dios no es Google, el Dios despiadado es el módem.

La culpa no es del macho opresor ni del patriarcado, del violador en tu camino, no. Debemos empezar a mirar por otro lado porque todos, hombres y mujeres, niños y niñas, todos estamos siendo sometidos a la empresa de servicios que nos provee y que de forma amable nos dice a través de un ser humano que pronto será una máquina: “Hay un daño masivo y estamos trabajando, el tiempo de restablecimiento del servicio es indefinido”.

No tener internet es como no tener agua, energía eléctrica o teléfono. Estamos encadenados, sometidos. Se puede renunciar a las redes sociales (hechas a la medida de la mente de los tontos más tontos) pero no podemos prescindir de teléfonos, computadores ni acceso a internet.

Hace veinte años trabajaba con la voz y con la comunicación no verbal,  no hay nada que comunique mejor que eso; ahora hago la mitad de mi trabajo dependiendo de un computador con acceso a internet y con personas que me leen a través de la pantalla y se comunican conmigo sin mirarme a los ojos. Si falla el sistema todo se echa a perder y mi cerebro entra en shock como ayer.

Triste la vida de la gente que sólo trabaja desde su casa con computadores porque es claro que terminan sometidos. Sin internet nos sentimos torpes e impotentes aunque sepamos que somos diestros y recursivos. No lo creo, lo sé.

Internet es el amo y las redes sociales dominan de forma todavía más despiadada a los millones de imbéciles que siguen obnubilados en esos espacios de consumo masivo de drogas invisibles. El creador de internet es un genio, el creador de Google es generoso y el creador de la redes sociales es malo a conciencia porque conoce bien la forma en que está diseñado el cerebro de la mayoría de los seres humanos. Sabe que la mayoría de los seres humanos tienen la inocencia del perro y el gato y a partir de esa certeza pone a competir a los menos competentes para que crean, en medio de su inocencia y su falta de cordura, que aquello que ven en la pantalla (cifras que crecen, deditos arriba, corazones rojos…) es real y  asumen que  desperdiciar su vida mirando una pantalla los convierte en una especie de genios dispuestos a cambiar el mundo, revolucionarios que nos ponen a marchar a todos henchidos de indignación y convencidos de paso de que las cosas no van a cambiar por más que soñemos con el cambio. Lo que estos genios de la tontería masiva no saben es que las personas libres de redes sociales nos conmovemos ante su tontería, ante el hecho de que se sientan gente de alcurnia porque nunca miran a los ojos y son dependientes del teléfono como el basuquero no puede vivir sin su pipa.