Johanna Faliero: “Nadie ha renunciado a la privacidad de datos”

Un diálogo sobre la lucha por la privacidad y protección de datos, la democratización de internet y cómo fueron sus cambios con el paso del tiempo. Guerra de espionaje, inteligencia social y las nuevas tecnologías de la información.

En la inmensa sala de profesores de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, se llevó a cabo una charla con la Doctora Johanna Caterina Faliero, profesora experta en derechos informáticos, protección de datos, ciberseguridad, derecho al anonimato y perfilamiento y Doctora en temáticas de derecho informático y protección de datos personales.

Actualmente dicta cursos independientes de posgrado en UBA, “Protección de Datos” y “Criptomonedas y Economía Digital”. Lleva adelante cursos de modalidad online, entre ellos, “Materia de datos” y “Derechos de Pacientes”.

¿Qué es la democratización de internet?

Entendemos por internet como una herramienta de llegada de socialización de relacionamiento. Es una herramienta digital. Que llegue genuinamente a todos. Es la idea que realmente llegue a todos los ciudadanos del planeta y que se solucione esta llamada “brecha digital”, tal vez en la cual no solamente distingue de quienes tienen la capacidad de acceder sino también de quienes pueden acceder de manera avanzada. Significa una verdadera apertura y una verdadera accesibilidad para todos y en igualdad de condiciones.

De acuerdo su mirada, ¿Cómo fue evolucionando?

Paulatinamente, para mi fueron oleadas de integración, la primera gran oleada de integración fue luego de 1990. Se siguió progresivamente entre ámbito técnico y a quienes han tenido las oportunidades más inmediatas de acceder a estos medios ya sea por la posición socio, cultural y económica en la que estaban ya sea por tener un contacto instantáneo o por un tema laboral.

Hoy en día llegan a la cantidad que son y nos falta conectar un 40% que todavía no acceden al internet. Es un gran objetivo, es una gran ambición porque ese faltante también responde a cubrir otras necesidades de infraestructura. Son cuestiones que lo exige esta sociedad y que lo merecen. Espero que paulatinamente estas oleadas terminen para un bien común.

¿Hasta qué punto esta democratizado el internet?

Tengo una postura muy propia del análisis crítico del derecho. Creo que nada es casual, uno está allí porque tiene un rol o un objetivo que uno tal vez no conoce de manera expresa y que se encuentra tácito en el sistema. Es decir, quienes deciden hegemónicamente como se manejan las oleadas de integración claramente persiguen objetivos y buscan la capa más productiva o más cercana al fenómeno económico que representa el tráfico de datos.

Se puede observar un segmento de la sociedad mucho más relegado, consolidando aun más esa hipervulnerabilidad por la falta de integración digital que existe. Porque es el mismo sistema el que selecciona quien es el más productivo, mas sistémico y quien es mas asistémico, éste último será contemplado por ese plan de integración. Entiendo que hay ideologías de base y tienen una fundamentación teórica, es el simple hecho de que los intereses subyacentes son económicos. El internet es una actividad lucrativa y en la económica de los intangibles en la que nos encontramos inmersos es la más lucrativa. Entonces no podemos decir que somos “internautas” de manera accidental.

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¿La información privada de todos está segura?

Mi gran respuesta es que no. De hecho, afirmo que no están seguros los datos. El planeta entero así sean los países más avanzados en la temática tienen todavía esa deuda de regular adecuadamente y de velar esa protección integral y plena de los datos de cada uno de nosotros que se encuentran circulando en los medios de comunicación actuales que son masivos y cada vez mas invasivos, con gran capacidad de recolección y tratamientos de datos.

Continuamos arrastrando las consecuencias de haber pensado históricamente en la seguridad como un gasto y no como una inversión. Estas consecuencias tienen impactos innegables en la integridad de nuestros datos y la disponibilidad de los mismos.

¿A qué se debe estos impactos?

La falta de regulación y el hecho de no pensar en la protección de datos personales y de la privacidad como un derecho humano de última generación, todavía se relega esta cuestión que es una idea de sensación de seguridad, como que la seguridad no existe y que la juventud no tiene más privacidad. Nadie ha renunciado a la privacidad, es un bien jurídico protegido que tiene  absoluta vigencia y les diría que tiene una mayor vigencia por el descontrol que existe en estos medios.

Tal vez estamos en uno de los momentos históricos donde debemos prestarles más atención a estas cuestiones de seguridad de datos, porque en este caso el problema de los datos a futuro nos puede traer consecuencias que no podremos reparar ni contener desde el punto de vista social y económico.

Desde mi punto de vista, las consecuencias pueden afectar a la autonomía de la voluntad, el proyecto de vida y la libertad de expresión. Pueden ser atroces en el futuro casi inmediato.

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¿Es cuestión de leyes o se necesita algo más de trasfondo?

Para mí es un trabajo en conjunto de mucha envergadura no solamente se necesitan leyes a nivel local, regulación menor que trabaje la tecnología puntualmente y regule los aspectos más finos y específicos de la temática de protección y seguridad de los datos, sino que también responde a derechos de principios, a un derecho con una regulación regional y mundial, basado en principios uniformes de tratamiento seguro y tratamiento con la mira en la privacidad y protección de datos personales.

Esto a su vez que se complemente a las recomendaciones y la mirada aguda de las autoridades de aplicación de los marcos regulatorios, son ellos los que deben emitir estas disposiciones y recomendaciones pertinentes para enriquecer este panorama regulatorio en lo cotidiano en la faz más inmediata con el usuario final.

¿Qué papel les toca a las autoridades reguladoras de datos?

Que las autoridades no teman a la hora de imponer sanciones que sean realmente disuasorias desde el punto vista pecuniario para los grandes infractores en materia de protección y seguridad de datos. Por otra parte los otros sectores de la sociedad como el sector privado también que interpelen a la autorregulación como mecanismo y complemento del marco regulatorio que tiene. Las buenas prácticas puertas adentro a veces son hasta más preventivas y casi inmediatas en las prácticas.

¿Puede haber una guerra de espionaje hoy en día o está sucediendo?

Personalmente, una de las cosas que más me ha apasionado investigar fue siempre repensar y revolucionar la privacidad vista de desde la óptica del derecho al anonimato como el derecho humano fundamental.

Hoy en día las sociedades son de control y vigilancia, entre pares y entre naciones, puertas para adentro y puertas para afuera, entre propios ciudadanos y tercerizados entre ciudadanos para que a su vez vigilen a otros compatriotas, lo cierto que es un juego impuesto de arriba hacia abajo y es imitativo ya que en realidad responden al robo de datos.

¿Es verdad que los países se espían?

Todos los países se espían entre sí, es una práctica generalizada, es materia de ciberseguridad, espionaje contra espionaje, inteligencia social y todo esto también se ve enriquecido por las tecnologías de la información y comunicación. Si pensamos en el repositorio de datos, los diferentes Estados pueden acceder y trabajar los datos de manera infinita. Realizan este control de manera cruzada.

Tenemos esa visión de periferia y de centro. Estos dos países (EE.UU y Rusia), obviamente son los países centrales con todas las herramientas técnicas que tienen a su disposición y hay otros países como el nuestro que tal vez no prestamos la atención adecuada al tema de “soberanía fuerte” en cuanto a datos e información. Esto existe y es una realidad imperante. Nos afecta a todos y a nuestras interacciones que tenemos a nivel global.

Por Yamil A. Péndola