Lo empezó siendo una tecnología liberadora

se ha convertido en una herramienta para la vigilancia y la manipulación.

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La libertad en Internet se ve cada vez más amenazada por las herramientas y tácticas del autoritarismo digital, que se han extendido rápidamente por todo el mundo. Los regímenes represivos, los políticos electos pero con ambiciones autoritarias y sus agentes sin escrúpulos han explotado los espacios no regulados de las plataformas de medios sociales, convirtiéndolos en instrumentos para la distorsión política y el control social.

Mientras que los medios sociales han servido a veces como un campo de juego equilibrado para el debate cívico, ahora se inclinan peligrosamente hacia el antiliberalismo, exponiendo a los ciudadanos a una represión sin precedentes de sus libertades fundamentales. Además, una amplia gama de gobiernos están desplegando herramientas avanzadas para identificar y monitorear a los usuarios a una escala inmensa. Como resultado de estas tendencias, la libertad global de Internet ha disminuido, en 2019, por noveno año consecutivo.

Los medios sociales permiten a la gente común, a los grupos cívicos y a los periodistas llegar a una gran audiencia con un costo mínimo o nulo, pero también han proporcionado una plataforma extremadamente útil y barata para las operaciones de distorsión por parte de actores extranjeros y nacionales por igual. Los líderes políticos emplean a individuos para formar subrepticiamente opiniones en línea en 38 de los 65 países cubiertos en este informe, un nuevo récord. En muchos países, el auge del populismo y de la extrema derecha coincide con el crecimiento de las turbas hiperpartidistas en línea que incluyen tanto a los usuarios auténticos como a las cuentas fraudulentas o automatizadas. Construyen grandes audiencias en torno a intereses similares, entrelazan sus mensajes políticos con contenidos falsos o incendiarios, y coordinan su difusión a través de múltiples plataformas.

Mientras que los medios sociales han servido a veces como un campo de juego nivelado para la discusión civil, ahora se están inclinando peligrosamente hacia el antiliberalismo.

Las operaciones de influencia transfronteriza, que por primera vez atrajeron la atención de la opinión pública como resultado de la interferencia rusa en la contienda presidencial estadounidense de 2016, son también un problema cada vez más común. Las autoridades de China, Irán, Arabia Saudita y una creciente lista de otros países han ampliado sus esfuerzos para manipular el entorno en línea e influir en los resultados políticos extranjeros durante el último año. Sin duda, los actores malintencionados se sienten envalentonados por el fracaso de los Estados democráticos a la hora de actualizar las normas de transparencia y financiación que son vitales para la celebración de elecciones libres y justas, y de aplicarlas de forma efectiva en la esfera en la red.

Además de facilitar la difusión de propaganda y desinformación durante los períodos electorales, las plataformas de medios sociales han permitido la recopilación y el análisis de grandes cantidades de datos sobre poblaciones enteras. La sofisticada vigilancia masiva, que antes sólo era factible para las principales agencias de inteligencia del mundo, ahora es asequible para una gama mucho más amplia de estados. Los gobiernos más represivos están adquiriendo herramientas de vigilancia de los medios sociales que emplean inteligencia artificial para identificar las posibles  amenazas y silenciar las manifestaciones no gratas. Incluso en las democracias, esta vigilancia masiva se está extendiendo por todos los organismos gubernamentales y se está utilizando para nuevos fines sin las salvaguardias adecuadas. El resultado es un un aumento global de los ataques a las libertades civiles y la reducción del espacio en línea para el activismo cívico. De los 65 países evaluados en este informe, un récord de 47 incluyó arrestos de usuarios por motivos políticos, sociales o religiosos.

Mientras que  China, Rusia y Estados Unidos juegan un papel enorme en coartar la posibilidad de que la tecnología ofrezca mayores capacidades para la defensa de los derechos humanos: el futuro de la libertad en Internet se basa en nuestra capacidad para usar medios sociales adecuados que garanticen la defensa de nuestros datos, medios para compartir entre iguales, que no se conviertan en almacenes de datos en venta para las grandes multinacionales y gobiernos.

No hay tiempo que perder. Las nuevas tecnologías, como la biometría avanzada, la inteligencia artificial y las redes móviles pueden ofrecer oportunidades para el desarrollo humano, pero plantean una serie de problemas en materia de derechos humanos. Para que Internet no se convierta en un caballo de Troya de la tiranía y la opresión (política y comercial) es necesario proteger con firmeza las libertades democráticas. El futuro de la privacidad, la libertad de expresión y la gobernabilidad democrática depende de las decisiones que tomemos hoy, nosotros como personas.

El futuro de la libertad en Internet depende de nuestra capacidad de usar los medios sociales apropiados, no comerciales, peer to peer y libres.