Periodismo ciudadano: ¿bueno o malo?

Si cada persona se dedicara al oficio para el que se ha formado, un abogado no ejercería de cirujano ni un cocinero desempeñaría las tareas de un banquero. Pero en el mundo de la comunicación ocurre, independientemente del área en el que uno sea especialista.

Y es que al periodismo, a nivel normativo, le cuesta establecer los límites que impidan el intrusismo, lo que favorece que se integren en él personas sin la titulación pertinente (que esa gente lo haga mejor que alguien formado en Periodismo o Comunicación Audiovisual es otro asunto).

Pero hay ocasiones en las que una persona transmite información puntualmente y no de manera retribuida, aunque, a veces, sí puede ser recompensada por facilitar datos, materiales o la noticia en sí. Se trata del llamado ‘periodismo ciudadano’.

Lo llevan a cabo quienes informan sobre un hecho noticioso y lo divulgan por cuenta propia, aspecto favorecido por Internet y las redes sociales. Es tan fácil como, por ejemplo, grabar o fotografiar con el teléfono móvil los efectos de una tormenta y subir el vídeo o instantánea a Twitter. Quizás, hasta alguna televisión o periódico solicite permiso para usar esas imágenes.

La potencia de Internet nos convierte a cada uno en un medio de comunicación aunque no seamos conscientes de ello. La duda reside en saber si este ‘periodismo ciudadano’ (también apodado ‘universal’) es o no necesario, si ayuda o no al periodista, o si, incluso, llega a reemplazarle. En definitiva, en si es bueno o malo.