Religión en línea

Con la pandemia vino el encierro -para algunos-, y con el encierro llegaron los servicios a domicilio; las personas en una situación privilegiada reciben todo lo que necesitan a la puerta de su casa: comida, medicamentos, el super, etc. Las clases, y el entretenimiento como conciertos o el teatro, también se adaptaron y ahora vemos a los demás participantes en imágenes pequeñitas durante las reuniones de Zoom; la liturgia religiosa no ha sido la excepción, y aunque no es novedad que las religiones empleen el internet para llegar a más personas alrededor del mundo, ha sido notoria su presencia en estos medios durante la pandemia.

El 12 de diciembre del 2020 hubieron varias transmisiones en vivo de la celebración tradicional a la Virgen de Guadalupe

Desde hace tiempo, la religión se manifiesta a través de redes sociales y sus propios sitios web, así llegan a más personas sin importar la distancia y mantienen una difusión constante y a menor costo que los medios masivos previos al internet.

Algunos ritos religiosos han sido adaptados para que los creyentes puedan practicarlos a la distancia: las misas, el encendido de veladoras, plegarias por internet, entre otras. En Inglaterra, por ejemplo, hay parroquias que fomentan el uso de redes sociales como Twitter para comentar y propagar los discursos, haciendo que los feligreses interactúen y participen activamente en las sesiones. Incluso el Papa Francisco es un tuitero destacado y predica a través de esta red social.

Cuenta de Twitter del Papa Francisco

La religión se configura según estos espacios, y el creyente configura la fe al ser usuario de estos sitios: como usuario de los sitios de internet dedicados a la religión, consumen sólo lo que eligen, y eso que eligen es con lo que comprometen su fe. Antes del internet, la radio, la televisión y el periódico eran los medios de comunicación en masa más importantes, y lanzaban información independientemente de la voluntad del individuo; la aparición del internet en el mapa dio un nuevo giro a los medios, y originó la auto-comunicación en masa.

Desde inicios del siglo XXI, nos encontramos en un interesante proceso de recomposición de los referentes religiosos, donde los creyentes responden individualmente sus necesidades de fe a través de diferentes ofertas de lo más variadas. Esto contrasta con el histórico monopolio de las instituciones religiosas para controlar la fe y, por lo tanto, la relación de los individuos con lo sagrado. Es decir, que se ha sacado a la religión de las grandes instituciones y ahora los creyentes son libres de elegir los elementos que componen sus preferencias sobre lo sagrado.

Con la revolución de los medios de comunicación, se produjo una reacción similar a la que producen los procesos migratorios, pero a mucho mayor escala: el desvanecimiento de fronteras religiosas. Como un efecto mariposa, la aparición del internet ha permitido que hoy en día sean cada vez más las mujeres que practican yoga -por ejemplo- en México, ignorando que en su origen esta práctica era exclusiva de los hombres, pues las mujeres no gozaban de actividad ritual autónoma en el hinduismo.

Esta nueva amplitud del mercado religioso ha dado oportunidad a las personas de practicar la religión que le sea conveniente -a excepción de casos especiales donde el gobierno lo prohíbe. No obstante, cabe preguntarnos si la práctica de estas religiones es igual en todo el mundo; por ejemplo, la práctica budista en México está completamente descontextualizada de la cultura hindú, entonces tal vez la práctica budista en nuestro país es una más de la colección de religiosidades populares modernas. Esto es muy diferente del sincretismo del catolicismo con las religiones prehispánicas que se dio durante la colonia, y que dio origen al catolicismo popular mexicano; pero ese es tema para otra entrada al blog.

Tienda del Círculo Wicca de México

La globalización ha llevado a las sociedades latinoamericanas a integrarse en este proceso, contrario a la urgencia de búsqueda de subsistencia a la pobreza y desigualdad social. Si bien esta nueva auto-comunicación en masa acerca diferentes perspectivas interreligiosas alrededor del mundo, también provoca un alejamiento de las religiones locales y detiene la reivindicación de la cultural popular. En este sentido, la globalización resulta una forma negativa de secularización, pues en la mayoría de los casos la religión acompaña a la resistencia de los pueblos no occidentales.

Las religiones son un producto humano, y como tal, seguirán cambiando. A veces se asume que la antropología está enemistada con la globalización porque desvanece los límites culturales que definían las categorías con las que se estudiaba a las religiones, pero lo cierto es que ese desvanecimiento es inminente y luchar en su contra es inútil. La antropología es objetiva, y como investigadores hay que conservar una mirada crítica que no asigne juicios de valor a estos cambios. Es un hecho que algunas de las antiguas prácticas religiosas se han descontextualizado, que los creyentes configuran su fe a través de un gran mercado religioso y configuran sus concepciones de “sagrado” entorno a ello; este es sólo un periodo histórico más, y quien sabe, puede que en el futuro estas nuevas configuraciones religiosas se institucionalicen y la historia se repita -como suele hacer- y nos hagamos las mismas preguntas.