35 minutos

Admito que fue duro el año que cumplí 30. Miento…el año duro fue el de los 29: ¡dios mío, iba a cumplir 30! ¡Yo! ¿Una treintañera? ¿Dónde se habían quedado mis 20? Ya sabía dónde…nadando entre incertidumbres sobre qué quería de la vida, qué buscaba y qué pensaba hacer con ella.

Pero no era cosa de los 20, ni de los 30…ni ahora de los “fatídicos” 35, en los que desafortunadamente y con aviso incluido, ya ha empezado a dolerme todo. Y no sólo el cuerpo. El dolor físico es lo de menos, es más duro el emocional, el dolor de alma.

Los 35. Bonita cifra. O no. Según se mire. Una mujer con 35 se supone que si no es madre ya, tiene que serlo en breve. Y no paran de decírtelo y/o preguntártelo. Suena a “ahora o nunca”. O te decides ya o lo tienes chungo. Y es una decisión complicada oiga… Sobre todo para los que somos muy conscientes de que un hijo te cambia la vida por completo, quieras o no. Egoísmo lo llaman algunos, si decides que eso no es para ti. Yo lo llamo generosidad.

Los 35. Cerca de la mitad de tu vida. Si miras hacia atrás, te entra la nostalgia de los años sin excesivas responsabilidades. Probablemente las de estudiar y ser feliz. Punto. Porque ser feliz, nos guste o no, es una responsabilidad. O eso nos hacen creer…hay que ser feliz todo el tiempo y sino, eres un fracaso.

Los 35. Si miras hacia adelante, o vida resuelta o vida por resolver. Yo soy más de la segunda, por aquello de no perder las buenas costumbres. No saber hacia dónde vas ni cuál es tu propósito de vida. Sí sí, tu propósito de vida, que ahora está muy de moda, casi tanto como la responsabilidad de ser feliz. Si no tienes un propósito de vida claro, no sé a qué esperas para encontrarlo, dicen. Pues que me encuentre él a mí, digo yo, que demasiado tiempo llevo buscándolo…

Los 35. ¿Y tú trabajo? Poco estable y nada motivante. Ni propósito de vida, ni hijos, ni trabajo estable que te motive. Y aún me queda la mitad de mi vida por vivir. Bufff. Lo tienes muy chungo hija… ¿qué te queda entonces? La felicidad postiza en internet. Mostrar al mundo que eres responsablemente feliz y que vives en un país multicolor, donde los días grises no existen, o siempre tienes para ellos paraguas de colores.

Los 35. Un punto de inflexión. Para coger las riendas de tu vida y decidir si la responsabilidad de ser feliz la dejas para otros. Porque tú eres feliz a ratos y responsable a ratos, también. Porque te empiezas a mirar más por dentro que por fuera, y que le den a Instagram y sus filtros. Porque valoras más el sorbito de felicidad con tu familia. Porque enmarcas en tus minutos felices esa visita y esa charla con esa amiga a la que no puedes ver a menudo. Porque te haces responsable de lo único de lo que debes responsabilizarte: generosamente, tú.

Los 35. Sólo para contar los minutos que me voy a dedicar exclusivamente a mí, como mínimo, a partir de hoy.