Cookies, sweet cookies

En una autovía que pasa cerca de mi casa se produjo un socavón que fue creciendo poco a poco hasta convertirse en un peligro para el tráfico. Como había poca pasta, la crisis, lo arreglaron poniendo unas señales de peligro y reduciendo la velocidad a sesenta, solución barata y para varios años. Eso mismo se hace con otros problemas a los que no interesa hincarles el diente por diferentes motivos, como el tabaco que mata y le ponemos una etiqueta avisando en la cajetilla o los bancos que engañan y nos hacen firmar una tonelada de papeles para no tener después problemas legales.

La protección de datos es otra de las hipocresías que se arreglan firmando en vez de prohibiendo. Pocos usuarios conocen realmente que es lo que se esconde detrás de las galletitas, cookies, que nos dejan dulcemente las web por las que navegamos. Su nombre ya llama a engaño, porque deberían llamarse , por ejemplo, sondas, como estas que nos penetran por algunos de nuestros orificios corporales para conocer los entresijos ocultos. ¿Quiere Vd. aceptar que le metamos una sonda en el disco duro para ver lo que guarda?.

Como la Unión Europea no se atreve a poner realmente orden en esta intromisión en la privacidad, pero quiere quedar bien como los que pusieron las señales en el socavón de la autopista de mi casa, ha hecho una nueva ley de protección de datos (¡otra!), dicen que más restrictiva, pero que es más de lo mismo. El resultado es una andanada de emails explicando por donde nos meten la sonda, cookie que dicen ellos, y lo que harán con lo que capturen de nuestra intimidad. Mentira.

De entre todos los emails que me han llegado para cumplir con la nueva normativa de la UE, he intentado en varios de ellos entender de qué iba todo esto. Imposible. Cuando uno va pinchando en los links que se supone nos informarán de la política de privacidad, se va encontrando con otros nuevos enlaces de otras webs a las que cederán nuestros datos que, a su vez, tienen sus propias políticas de privacidad y cesión, en una cadena que parece infinita y en la que se puede o no, depende, seleccionar si uno consiente o se niega. En este viacrucis uno tropezará seguro con inmensas páginas con decenas de cláusulas de información en perfecto inglés y con abundantes referencias a la legislación de no se sabe qué país.

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Quitar el tabaco que envenena, arreglar el socavón o cerrar algún banco estafador son métodos de protección del consumidor. Lo demás son apaños hipócritas, como esto de las cookies y el acceso y apropiación de nuestros datos. Si no se quiere prohibir que los proveedores del todo gratis en internet dejen de tener ingresos, sería tan sencillo como centralizar toda nuestra información en una página global (o dos, o tres) controladas por un organismo de la UE y que cada uno pudiese acceder a ella, saber que tienen de uno y quien lo tiene, decidiendo de forma sencilla si acepta o lo borra sin más, no quiero que Amazon guarde mi historial de navegación, por ejemplo. Estamos en la era del big data y todo eso es mucho más fácil de implementar que Google busque todo de todo en cualquier parte del mundo, y lo hace. Pero parece que nadie quiere meterle mano al asunto de verdad.

El otro punto de vista de todo esto de la privacidad es si, en el caso de regular y controlar de verdad el uso de nuestros datos, podríamos seguir buscando en Google, enviando Whatsapp, poniendo tonterías en el Facebook, Trump podría escribir sus barbaridades en el Twitter y así con todas las aplicaciones gratuitas que existen porque lo saben todo sobre nosotros. ¿Vale tu información privada tanto como para cambiar tu forma de vivir?. ¿Cuánto dinero pagarías por usar todas esas aplicaciones que ahora te cobran absorbiendo tus datos?. ¿Podría sobrevivir el mundo al cierre de Google?. Todo tiene un precio, amigo.

 

NOTA: Estás leyendo este blog a través de WordPress, plataforma gratuita que utiliza cookies. Cuando he intentado conocer que hace WordPress con mis datos y seguramente con los tuyos, amable lector, he ido dando tumbos por páginas totalmente desconocidas como esta: https://automattic.com/cookies/  o esta otra https://www.appnexus.com/en/company/platform-privacy-policy  que es muy posible que sepan hasta la marca de la camiseta que llevo puesta, mientras yo no sé nada de ellos, ni siquiera porqué aparecen en la política de privacidad de WordPress.