Editorial

Autoeditados

     Este número de Fuimos informados nos permitió ser testigos de la capacidad de los talentos emergentes para salir adelante en la poesía y la música. Individuos sin un nombre famoso, publicidad o algún tipo de reconocimiento institucional están cambiando el modo de hacer arte.

     Ahora sabemos que la noche calmada y somnolienta que solemos ignorar esconde bares donde los bajos estremecen la tierra con sus tonadas graves, las guitarras envuelven el aire con acordes y las multitudes corean los covers de sus bandas favoritas o descubren nuevas canciones que no querrán dejar de escuchar.

     También aprendimos que en pueblos oaxaqueños se hallan poetas cuyo fin es dar a la poesía un canal doble para ser leída y recitada: el zapoteco y el español. Una poesía cuya fuerza elocutiva se magnifica al entrar en contacto con hablantes de dos lenguas de orígenes tan lejanos, pero cuyos puntos en común abren todo un panorama para la poesía.

     Por último, descubrimos que mientras las grandes editoriales se esfuerzan por perpetuar su poder en el mundo de las letras, toda una nueva comunidad de escritores surge en los medios digitales. Autores de todo el planeta se reúnen para compartir su literatura con una vasta red de interlocutores que participan, comentan y se entusiasman con cada nuevo escrito que llega a sus computadoras.

     ¿Qué nos deja todo esto? Nosotros nos quedamos con la satisfacción de saber que sin importar qué barreras existan, los artistas siempre encuentran el modo de salir adelante y promover lo que hacen. Ustedes sírvanse de inspiración de estos muchachos para que algún día su trabajo impacte tanto como el de ellos y también escuchen ese espíritu persistente que les grita: si te apasiona algo, ¡hazlo!