El conocimiento sigue estando en los libros

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¿Es mejor leer en papel o en pantalla? La pregunta del millón, y la discusión de nunca acabar.

Formulada así, tal cual, es más que probable que sea una pregunta sin respuesta, una mala jugada del lenguaje. Eso no quiere decir que no se puedan argumentar beneficios o perjuicios de cada forma de lectura, aunque eso en sí mismo es otra materia polémica de discusión, en especial si tenemos en cuenta la manera de leer que ponemos en práctica en las redes sociales, y sus particulares dinámicas.

En cualquier caso, cosas de la serendipia, hace poco que he dado con una reseña de la obra de Cristophe Galfard El universo en tu mano, escrita por Javier Sampedro en El País, que contiene un párrafo que da que pensar sobre el libro y la lectura.

Lo reproduzco tal cual:

Hay otras formas de explicar la física al público —Brian Greene, Frank Wilczek, Steven Weinberg o el propio Hawking, por citar cuatro autores excelentes—, pero Galfard tiene algo nuevo que decir. No datos, toda esa mera información que nos satura y nos abruma en la web, sino algo mucho más valioso para el lector general: entendimiento. De eso van los libros científicos. Las tablas de logaritmos las podéis encontrar en Google. Pero el conocimiento, esa complejidad organizada de la que se nutre nuestro cerebro, sigue estando en los libros. La superficialidad de las redes sociales os va a acabar comiendo el cerebro. Volved al mundo de la inteligencia.

Definir el conocimiento como complejidad organizada me parece una genialidad por parte de Sampedro. Y asociar esa complejidad organizada a los libros, un acierto. Y es que cualquiera que haya querido adentrarse nunca en un área del saber densa como en la cosmología sabe que los libros son una guía idónea… si el escritor tiene la destreza suficiente para ello, claro.

Sí, no todos los libros son un repositorio de complejidad organizada; y no, la lectura en la web no es una banalidad sin beneficios (¡claro que no!). Por eso la contundencia de las frases finales de Sampedro me parece un tanto excesiva, aunque está claro que su intención es más bien provocar para detonar la reflexión.

Aun así, me sigue pareciendo cierto: necesitamos complejidad organizada para entender según qué cosas, y ese entendimiento a veces necesita de calma y sosiego. En ocasiones, en ese entendimiento puede que nos juguemos mucho, como expresa esta frase de Benjamin Barber que me parece muy al caso para acabar la entrada:

Los ordenadores son rápidos, como la luz…, la democracia es lenta, como el juicio prudente.