El conocimiento y la información llegan pero no se quedan

Ya suena hasta como un innecesario cliché llamar a nuestros tiempos como “La era de la información”, y es que es un hecho comprobado que las ya no tan nuevas tecnologías han cambiado la vida del ser humano de una manera que ninguna literatura distópica hubiese podido prever jamás.

Por Javiera Valenzuela M.

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En medio del auge de las redes sociales, es cada vez más común que la gente opte por informarse a través de ellas acerca de cualquier tema de su interés. La cantidad de datos que podemos hallar en Internet es tan exponencialmente grande que se vuelve muy complicado de cuantificar: De acuerdo con el reporte de 2018 Global Digital Report, el número de usuarios de Internet este 2018 ha llegado a una cantidad de 4021 mil millones, creciendo alrededor de un 7% por año.

Pero, ¿de qué manera utilizan los usuarios este mar de información que tenemos? ¿Podemos ser engañados en una época en la que cualquier dato erróneo que recibimos puede ser desmentido con una simple búsqueda en Google?

Uno de los temas más complejos y que, según muchos especialistas en el mismo, se encuentra en una fuerte crisis de la que muy difícilmente podrá salir es el de la filosofía. Así como hablamos de una sociedad que, gracias a sus propios avances, dispone de una cantidad exorbitante de todo lo que necesita saber en el momento que quiera, también hablamos de una misma sociedad que tiende a simplificar todo lo que ve, incluyendo esa misma información, quizás intimidada también por su tamaño.

Al respecto, la licenciada en filosofía y profesora de la misma materia, Claudia Marín opina que “el problema radica en que la gente ahora puede leer lo que quiera, pero eso no implica que entiendan lo que leen. Por eso, tienden a caer en el estereotipo, en especial cuando se trata de los autores más conocidos como Nietzsche. Además, existe una falencia en el sistema educativo que el internet no puede complementar y es que los ramos como filosofía o ética te muestran autores y a lo mucho lo que planteaban, pero no existe la idea ni de enseñar a debatir ni a filosofar por ti mismo”.

Por otro lado, Gabriel es un joven estudiante de diseño que, como tantos, prefiere informarse por Internet: “Creo que es bastante pretencioso satanizar la manera en la que la gente se informa, después de todo, cada quien ve que uso le da. Además, si lo piensas, es muy positivo porque antes la información libre era muy escasa y elitista. En cambio ahora, la gente común puede manejar conceptos que antes no todos podían

Entonces ¿Falta aprender a pensar?

Esta pregunta, en realidad, lleva ya varios siglos más adelantada a siquiera la primera aparición de una computadora, el propio Kant ya lo había cuestionado anteriormente. Y no va a acabar mientras el exceso de información sea tal que nos deje en un estado de pasividad total, como había temido Huxley con “Un mundo feliz” en el año 1932, cuando el término infoxicación era demasiado lejano para prevenir que estaríamos tan saturados de conocimiento que, con la facilidad para acceder a él, nadie querría profundizar lo aprendido.

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