El «presente inmediato»

padByung-Chul Han subraya que la inmediatez caracteriza a la Red y que la presencia se torna inmediata gracias a la falta de mediación. En efecto, en Internet impera el «presente inmediato»1 en la medida en que el tránsito de la información no requiere de una «instancia intermedia» que “filtre” los contenidos de dicha información. Para expresar la opinión ya no es necesario pasar por el filtro de un medio tradicional —por ejemplo el periódico al que el lector enviaba su carta de opinión para que ésta fuera publicada—, pues éste, en verdad, es considerado ahora ineficaz. En la Red somos, en opinión del filósofo surcoreano «emisores y productores activos»2, lo que, en definitiva, comporta un incremento de información acaso excesiva, esto es, no solo inútil, sino también tóxica. La comunicación desmediatizada de la Red, además, saca a la luz la obsolescencia de los que Han llama «sacerdotes de la opinión», es decir, de los periodistas, los cuales pueden ser considerados —o al menos eso parece desde la óptica de la comunicación desmediatizada— «superfluos y anacrónicos». Cualquier instancia intermedia es un estorbo, un obstáculo, un ser que debe ser superado habida cuenta de que en la Red «cada uno quiere estar presente él mismo, y presentar su opinión sin ningún intermediario»3. Pero esta desmediatización, advierte Han, «conduce, en muchos ámbitos, a una masificación»4que lleva consigo consecuencias negativas: el lenguaje y la cultura, por ejemplo, se vuelven superficiales. Se podrá decir, y con razón, que la Red incorpora sus propios mediadores, por ejemplo, una suerte de «sistemas de supervisión tanto social (la puntuación de los comentarios de las noticias en un medio digital) como jerarquizada (los bibliotecarios de Wikipedia o el moderador de un foro)»5, pero tales mediadores son, en opinión de César Rendueles «tan fallidos como cabría esperar y las acusaciones recíprocas de trolleo y censura —con el aliño de los linchamientos en masa— son un elemento consustancial a la red social». Por otra parte, y volviendo al «presente inmediato» que está asociado a Internet, Nicholas Carr acusa a la Red de volar por los aires «el más eficaz filtro del pensamiento humano»6, a saber, el tiempo. El escritor norteamericano considera que, este “asesinato del tiempo” inducido por la Red hace que no tengamos la paciencia de esperar «la lenta y escrupulosa criba del tiempo»7. Esto provoca, según Carr, que estemos inundados en todo momento por información de interés inmediato8, por lo que en la Red «los vientos de la opinión se han convertido en un torbellino»9. Con todo, a pesar de la problemática que provoca la inmediatez en la Red, Antonio Eschotado se desmarca en gran medida de la dura crítica de los anteriores pensadores: «Internet ofrece ya un banco de datos que es buena parte de lo pensado, trasladable en paquetes discretos a velocidades lumínicas. Aunque el efecto inmediato pueda parecerse al aturdimiento, este logro nos desafía a justificar el adjetivo racional añadido al indiscutible género animal, y ofrece anticipaciones como el fantástico número de gentes que regalan información al prójimo»10.

1Byung-Chul Han, En el enjambre. El filósofo surcoreano asig­na este presente inmediato al «medio digital», esto es, la Red.

2Ibíd.

3Ibíd.

4Ibíd.

5César Rendueles, Sociofobia.

6Nicholas Carr, Superficiales, pág., 158.

7Ibíd.

8Antes se había mencionado la toxicidad inherente a una excesiva información.

9Ibíd.

10Antonio Escohotado, Los enemigos del comercio I.