Internet desde la orilla

(texto publicado en el boletín de Internet Freedom Festival 2018)

La telefonía móvil tenía uso comercial en el mundo desde 1995 aproximadamente, pero los cubanos pudimos tener una línea propia de celular a partir de 2009. El acceso a internet a través de tarjetas prepagadas y en lugares públicos data de 2015. En Cuba, 2017 será recordado por la introducción de la tecnología 3G y por el acceso por primera vez a internet desde la vivienda para contados usuarios vía ADSL-teléfono fijo. La única empresa de telecomunicaciones que opera en el país anuncia un crecimiento, pero viene lastrado por el alto precio del servicio, por la censura de páginas críticas al Gobierno, y por la autocensura, al tener el usuario la sospecha de que toda la navegación es trazable.

Conocí internet en 2009 durante un viaje a España, y el flechazo fue inmediato. Al regresar a Cuba decido abrir un blog, para lo cual pido ayuda a mi vecina, la bloguera Yoani Sánchez. Estuve meses posteando a ciegas gracias a amistades que colgaban los contenidos. Mi primera vez en internet desde Cuba, malgasté una tarjeta prepagada que me regalaran para una hora de conexión desde un hotel, pues mi nerviosismo y torpeza eran tales que olvidé la contraseña y pasé una hora de onanismo virtual releyendo los posteos, descubriendo los comentarios… y nada más.

Tenía que aprender a remar en aquellas aguas, como se dice, tenía que “empoderarme” para no ser solo una usuaria que consulta correos y se abre una página en Facebook. Estudiar me vino muy bien porque alienta la ilusión de alejarme del Alzheimer y estoy a mano con mi hijo (debo decir que fui una mamá tardía) si conversamos de aplicaciones y programas. Y junto con esa familiaridad que he establecido con internet, fue creciendo la conciencia de que es una herramienta demasiado poderosa para dejarla en manos de los gobiernos y/o de las empresas. Como cubana, siento que nos han escamoteado la entrada al siglo XXI, y que esa brecha digital es difícilmente curable y es más grave aun en una población sin analfabetos y con alta tasa de educación media y superior, y además, envejecida.

No debe culparse de nuestro retraso tecnológico solo al Bloqueo-Embargo (según de dónde se mire) y al largo diferendo de los gobiernos de Cuba y los Estados Unidos aunque también tienen su parte. Más allá de las limitaciones materiales que esto supone, existe una voluntad política doméstica de mantenernos aislados y desinformados. José Martí, nuestro más alto pensador, expresó con sencillez: “no creas, lee”, pero los cubanos no elegimos qué leer, y las cucharadas de información que recibimos siempre vienen aderezadas por el punto de vista gubernamental. Aquel día que olvidé mi contraseña, decidí no solo aprender a remar, sino ayudar a remar a los que miran desde la orilla.