Introspección

No sirve la Internet desde hace una hora. Qué desgracia, qué dependencia le tenemos a ese maldito infeliz hoy en día. Nos sentimos vacíos sin él.

Lo bueno es que no se ha ido la luz, ¡esa sí sería la desgracia de la humanidad!, ¿se lo imaginan? Bueno, ayer pasó, quizá por eso la idea y el miedo todavía estén latentes, es horrible, ustedes no se imaginan, uno se siente un neandertal bajándose del árbol. Te pasás dando vueltas en la cama, pensando nimiedades, recordando cicatrices, olvidando miradas, te toca leer con luz de velas (aunque eso es romántico)… pero ahorita lo que no hay es Internet, ese Dios maldito que nos creamos desde hace poquito, es un Dios bebé, le falta mucho para que sea su muerte, unos dos o tres infinitos.

Ves un triángulo amarillo en la esquinita de la pantalla de tu ordenador, tiene un signo de admiración negro (!), está sobre unas barritas blancas. Lo mirás y sentís odio, algo tan pequeño y simple desencadena una correntada de odio en tu sangre. Te sentís vacío y empezás a extrañar a ese manto sagrado que nunca has visto y no sabés bien cómo funciona pero que sabés que ahí está, te hace sentir seguro, arrullado, como si fuera el amor de una madre.

Te entran ganas de ver una película, o unos videos, o ver qué está haciendo el mundo, la sociedad animal, poner una porno, descargar un disco nuevo, leer la minibiografía con referencia dudosa del alguna página, etc, etc, nimiedades, nimiedades. La vida está llena de nimiedades. Qué bonito.  Pero nada de esto se puede hacer ahorita, estás reducido a las cosas que están en tu computadora: unas fotos, mucha música, unos cuantos documentos y unos PDFs que nunca leíste porque odiás leer en la computadora; no hay muchas cosas más en tu computadora, no te alcanza para una más moderna con súper aplicaciones y programas, pero tampoco te gustan esas cosas, así que no te molesta. Solo te molesta que no haya Internet. Es demasiado tarde como para salir a algún lado y “divertirte” (sueltas una carcajada al oír esa palabra), te entra una comezón en el cuello, la ansiedad se pasa al pie que se pone a saltar en el sillón y decides que es mejor intentar dormir, antes de que pase algo feo.

Te vas a tu cama, a tratar de dormir.

Ves en tu celular si ya volvió la fuente de tu angustia, pero nada. Ni una señal. Ausente como todo buen Dios. Ponés una música tranquila, con un volumen casi imperceptible. Te quitás toda la ropa, siempre te gustó dormir desnudo, te sentís más libre. Cerrás los ojos, recostás tu cabeza, te imaginás cosas, muchas cosas, tanta que tenés que volver a abrir los ojos y darte la vuelta, suspirar para descansar del vacío negro de tu imaginación. Qué miedo todo lo que pensás, te sorprendés de tu inconsciente, de tus asociaciones, de tus miedos, del movimiento inconsciente de tu cuerpo al pensar algo feo o algo bonito o algo mórbido o algo divertido y apretás tu almohada, suspirás otra vez, oís la música a lo lejos, como si la hubiesen puesto las hormigas. Tratás de hacer el cliché de contar ovejas pero eso no es lo tuyo, contás miradas, cuentos, anécdotas, pero ovejas no, qué fijación con esas criaturas blancas y felpudas como el cabello de tu abuelita.

Revisás tu celular de nuevo, esto ya es insoportable, te irías a quejar al día siguiente con los majes de la compañía del Internet, pero sabés que no les importa tu queja, que el tipo o tipa que te va a contestar odia su trabajo y no le interesa un carajo ayudarte, le contarás tu problema y te dirá una mentira, que tenía fallas técnicas, que la lluvia, que estaban arreglando una nimiedad para tener un mejor servicio, cháchara, son unos hijos de puta. Bueno, quizá no, no lo sabés, no sabés si pensar positivo o pensar negativo.

Ese pensamiento te interesa, “pensar positivo o pensar negativo”. La base de tus pensamientos, los pensamientos nucleares, la base de tus reacciones, puedes ser feliz o infeliz, vos lo decidís, ambos estados son un vicio.

 

Ya es la una de la madrugada, no has dormido, has dado como treinta vueltas en la cama, pensás que en momentos así sería bueno tener televisor, pero odiás la mayoría de programas de televisión, no todos, pero lo peor son los comerciales, los malditos comerciales de la televisión nacional o extranjera, puta madre, es como el comején. No podés leer ningún libro porque hiciste una apuesta contigo mismo que te impide empezar cualquier libro si no cumplís con algo que acordaste y aún no lo has hecho. Al parecer no es un buen condicionante ese, habrá que pensarlo mejor.

Recordás las miradas de la gente ahora en clase, solo una te llamó la atención, de la tipa que se sentó al frente del lado derecho, Natalia, así se llama la maldita, tiene una mirada tan dulce y tan coqueta, tan segura y sensible, sentís que te da un beso en el corazón con solo verte. Y anda una camisa blanca que le queda grande pero se le ve tan bien, sus clavículas se ven tan sabrosas, salivás mentalmente como perrito, te pone incómodo su mirada, se ven muchas veces, ambos saben que se desean, te la imaginás apretando fuerte sus deditos de los pies y mordiéndose los labios, anda su pelo castaño recogido con ganchitos sandinos, anda una trenza que sabés que no es casualidad porque ayer ambos se sentaron en el mismísimo lugar y también se besaron con la mirada como besan los fantasmas, maldita Natalia, hermosa Natalia, incauta Natalia, arquetipo del amor Natalia, mirada de diamante Natalia, qué dulce se ve tu piel desde este lugar, qué blancos tus dientes, qué largas tus piernas y mirá, un amigo tuyo se interpone entre vos y yo, ya notó que estás viendo mucho hacia acá, es inevitable Natalia, son las feromonas, los neurotrasmisores que nos bailan en la cabeza, la libido que se catectiza por la mirada.

Empezás a morderte los labios más fuerte mientras recuerdas la mirada de Natalia, los movimientos de Natalia, su elegancia y coquetería, la delicadeza de sus dedos al jugar con el teclado de su laptop, y sus camanances que están justo debajo de las comisuras de sus labios, te parecen horribles pero no puedes dejar de verlos, te atraen, te gustaría morderlos, pasarles la lengua suavemente y…

…y de repente, algo vibra en tu pierna, es tu celular, acaba de volver el Internet, te cae una notificación y ves que no es nada importante, una invitación a un juego estúpido que nunca vas a jugar de alguien al que nunca le has hablado, pero entrás al Facebook y buscás el perfil de Natalia y odiás ver el perfil de Natalia, ves las únicas dos fotos que tiene Natalia, se ve guapísima Natalia, y te odiás porque dijiste que no ibas a entrar de nuevo al perfil de Natalia porque cada que ves que Natalia tiene novio se te rompe el corazón.