La libertad del arte

El hombre en el cruce de caminos. Así se llamaba el inmenso mural que Diego Rivera pintó en la entrada del Rockefeller Center, a petición del padrino de la dinastía cuya madre era entusiasta admiradora del artista mexicano. A diferencia de la anarquista Anna Gabriel en su fuga hacia Suiza, Rivera y su mujer Frida Kahlo no estaban dispuestos a cambiar ni el flequillo de su peinado a fin de ser admitidos en el corazón del capitalismo mundial.

De modo que el colosal pintor convirtió a Marx, Lenin y su amigo Trotski en protagonistas principales de la obra instalada en lo que por entonces constituía el rascacielos más emblemático de la ciudad de Nueva York. Nelson Rockefeller entendió que la pintura constituía toda una provocación, aunque antes de prohibirla buscó una salida consensuada y solicitó cambiar el retrato de Lenin por el de alguien distinto, a lo que el autor se negó en redondo, ofreciendo solo completar el triunvirato con un héroe americano como Abraham Lincoln.

Al final no hubo trato y la pintura fue destruida, dando la oportunidad a Josep Lluis Sert de ilustrar las cúpulas del edificio en sustitución de los frescos censurados.

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