Perdiendo el miedo a programar

 

Stephanie Burckhard

Parte I

En varias ocasiones me preguntan ¿cómo aprendo elementos básicos de configuración y de programación? Les tengo una respuesta: Seguí mi curiosidad y perdí el miedo a cometer errores. También comencé a preguntar y a creer en mí. No fue sencillo, ni estoy compartiendo una fórmula para el éxito en la programación. Además, mi arma secreta es vivir con una persona que es fantástica para programar y en lugar de decirme “yo lo hago”, sonríe y dice: “yo te enseño cómo se hace”. Con el tiempo identifiqué que existe una alta presión externa ejercida por personas que todavía cuentan con una mentalidad de todo o nada a la primera.

En el mundo -no solo tecnológico- está este extraño imaginario enfermo que te hace creer que todo te tiene que salir perfecto la primera vez que lo haces, y de no ser así, has fracasado o eres una persona tonta. A eso, le incluyo un aspecto: creer que solo una persona con un título en ingeniería te va a resolver ese pantallazo azul o configurar una impresora. Pero, en ocasiones tampoco saben lo que están haciendo -ese es su gran secreto- y está bien, aprendieron a cometer errores.

Observa los lápices: depósito de grafito – borrador (escribir – borrar). Te servirán ambos lados para escribir y editar un ensayo o una historia; elaborar una investigación o un programa. Si todo fuera perfecto ¿qué factor de aventura existiría? ¿cómo se llegan a los descubrimientos y avances científicos-técnicos-populares?

Usualmente se sataniza a la Internet. Creemos que la Internet no tiene información. No deseo conocer sus hábitos de búsqueda, pero en ocasiones pueden dejar de buscar memes o noticias, y comenzar con otro tipo de oraciones: “cómo hacer…”, “cómo reparar…”, “cómo construir…” y listo, la lista de sugerencias y buenas prácticas de otras personas están ahí.

Este año ingresé a mi primer coding camp de Java, estoy mejorando mi bot bibliotecario y digo en público “No lo sé, investiguemos…”.  Prueba, exploración, son palabras no debilidades. No aplican estrictamente a una investigación rigurosa que terminará en una eterna tesis de cincuenta páginas (*lloremos*). El “Do it yourself” y el Asimov del “auto-aprendizaje” se manifiestan más seguido en mi día a día. Si no corre a la primera, regresas, revisas la línea e intentas de nuevo. No hablo de programación, me refiero también a cómo exploramos nuevos hábitos, nuestras pasiones e intereses.

Veo Internet como un mundo de proyectos y de mundos alternativos. No todas las personas la ven así, filósofos como Byung-Chul Han observado a la tecnología, directamente Internet, como un potencial de despojo y deshumanización. Para Han esta época está enfocada en mover al ser humano desde adentro, sin necesidad de que exista un poder que intervenga desde afuera para controlarlo. La autoexplotación es suficiente y como seres humanos nunca estamos solas.  “El pensamiento tiene necesidad de silencio. Es una expedición al silencio” (p. 75).

Aunque sí se debe promover neutralidad, disolver sesgos, descentralizar herramientas y cuidar nuestros datos; Han se enfoca demasiado en las redes sociales tóxicas y no en las comunidades organizadas que transgreden y de la Internet pasan a la acción concreta en el mundo real. Existen colectivos de resistencia, de denuncia y proyectos creativos. Así que lo veo como una herramienta, el hierro, el cobre, el oro se descubrieron hace años para construir armas o hacer arte, puentes y objetos maravillosos. Puedo decir lo mismo con la Internet.

Podemos utilizar motores de búsqueda (Chrome, DuckDuckGo, Firefox, etc.), Twitter, Pinterest, Facebook, Instagram, Snapchat, etc. para compartir ideas, localizar comunidades afines a nuestras pasiones o nos podemos quedar en el triángulo de las bermudas scrolleando hasta el fin de los tiempos, atrapadas en el thread infinito de selfies y likes. Pasemos de ser usuarias que viven en el oscurantismo digital a nómadas digitales. ¡Sí se puede!