Relatos De Un Serafín: Asesino

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  • ¡Vas a morir! – Clamó el sujeto-. Haz destruido todo lo que alguna vez he amado. ¡No mereces vivir!

El supuesto asesino, en un principio, no dio a entender nada de lo que el hombre le hablaba. Aquel sujeto que decía haberlo perdido todo se hallaba deshidratado, cómo alguien que ha llorado, y tenía los ojos demasiado hinchados y llenos de odio cómo para determinar de qué colores eran.

  • ¡Todo lo que ocurrió es por tu culpa y por la maldita desgracia de no contar con las herramientas necesarias para salvarla a ella, a la mujer que mataste y que yo amé! – Le reclamó a aquel que parecía no entender, entre bramidos nacidos del odio y la tristeza más pura-. ¡No tienes perdón de Dios!

El otro, que se hallaba en una solitaria cama, no supo responder ante las declaraciones del hombre que perdió a su mujer, esposa o amante.

  • ¡¿Es que no vas a decir nada?! – Le preguntó, visiblemente enojado-. ¡¿Es que no vas a decir nada en tu defensa?!

Ese siguió sin decir nada.

  • Entiendo… – anunció, a medida que desenfundaba una Magnum de alto calibre y le quitaba el seguro-. Tu silencio sólo afirma lo que pensaba… eres un asesino.

El individuo se acercó hasta la cama en la cual descansaba aquel sujeto… sabía que se encontraba muy debilitado cómo para defenderse.

  • Te llegó tu hora – Le dijo, en completa y perturbadora calma.

El sonido, estruendoso e inconfundible de una bala disparada, fue lo único que se escuchó en el recinto.

  • Lo siento – Se disculpó aquel que disparó-. Realmente lo siento mucho.
  • ¡Maldito! – Exclamó ese que quería ver muerto al asesino de su mujer. ¿Por qué lo hiciste? – Fue lo que le preguntó a su hermano, persona que había ingresado a la enfermería de Andrómeda y proyectó en contra de su propia sangre.
  • Porque no puedo dejar que lo mates – Le respondió, entristecido-. El no tuvo la culpa de nada.
  • ¡Pero aun así mató a mi esposa! – Le reclamó, mientras escupía sangre-. Él y la incompetencia de los habitantes de esta estúpida jaula mataron a mi esposa.

Para ese momento, segundos después de que el sonido estalló, fue que el supuesto asesino se manifestó… sólo inmediatamente a esos instantes fue que comenzó a llorar.

  • Maldito llanto – Clamó el sujeto, antes de desplomarse en un piso mojado por líquido carmesí.