Un profesor prohíbe la tecnología en su clase, y las notas de los alumnos mejoran

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El 9 de mayo, Lindsay Mckenzie publicaba un artículo en Inside Higher Ed ideal para reflexionar sobre las nuevas tecnologías y la educación.

Hay un discurso muy extendido que afirma que las escuelas deberían estar abiertas a las innovaciones tecnológicas y a la presencia de las nuevas tecnologías en el aula. Para justificarlo se apela a cambios culturales en la forma de relacionarse de los jóvenes, así como a la supuesta pérdida de sentido de la clase magistral cuando la información y por tanto el conocimiento están disponibles en Internet para todo aquel que quiera utilizarlo.

Mckenzie comenta un caso que va en contra de esa lógica, y de una manera muy peculiar.

El profesor de economía Trevor Logan, de la Ohio State University, impuso una prohibición de utilizar cualquier dispositivo electrónico en su clase. El resultado: las notas de los alumnos mejoraron notablemente, comparadas con los años anteriores.

Se podría relativizar esta mejora con el argumento de que eso sólo prueba que los alumnos son buenos aprobando los exámenes y las pruebas de Logan. Pero es que, además, según Logan los estudiantes parecían estar de acuerdo con la prohibición, y además disfrutarla. Escribe Mckenzie:

Alrededor de un 25% mencionaron la política en sus evaluaciones sobre el curso, “y todos los que la mencionaron parecían apoyarla de manera entusiasta”.

Logan dijo que los estudiantes afirmaron que la medida les había ayudado a mantenerse concentrados y a tomar mejores apuntes, les mantuvo involucrados y aumentó su disfrute del curso.

El artículo de Mckenzie no sólo es interesante por describir la experiencia del profesor Logan, sino por situarla en ese contexto amplio sobre el discurso de la inclusión de la tecnología en el aula que mencionaba más arriba (por ello te recomiendo su lectura completa).

Y es que, como comenta Logan, a medida que más centros se planteen seriamente la inclusión de ordenadores, tabletas y similares en sus clases más necesario se hace repensar cuál es la utilidad de esos dispositivos y cuál puede ser el efecto sobre el aprendizaje. De hecho, durante estos años no han faltado estudios que examinen aspectos como las ventajas o inconvenientes de la lectura en papel o en digital, o el efecto negativo que el uso de ordenadores puede tener a la hora de tomar apuntes.

Son cuestiones que sólo pueden determinarse de manera empírica, a través de estudios (aunque sean informales como el de Logan), y no en base a un discurso cerrado y que parece lógico pero que puede estar separado de la realidad.