YouTube, otra droga socialmente aceptada porque no se fuma ni se huele

El objetivo con el que comencé este blog es que sea como una especie de terapia que me ayude a batallar con mis adicciones y tener con que ocupar mi tiempo de manera productiva cuando me sienta tentado a caer en una de ellas.

Se que eso suena como que soy adicto a alguna droga fuerte. Pero nada de eso, más bien mis adicciones son sobre asuntos tan normalizados que es incluso extraño que alguien hable sobre ellas con el mismo carácter que como se habla de la adicción a los narcóticos, el sexo, juegos de azar y cosas por el estilo.

Pero para poner un ejemplo, quiero hablar de la que creo que viene siendo mi adicción más fuerte y dañina. Una que ni siquiera tiene que ver con el consumo de alguna sustancia que no salga de mi propio cerebro.

YouTube

Yo todo pendejo viendo videos de YouTube durante mis horas de trabajo

No voy a mencionar mi adicción a las redes sociales en general, porque realmente apenas tengo Instagram y Twitter. Y a la primera entro tan poco que hasta mi propia novia me reprocha porque me manda recetas y cosas para el hogar que veo pasado varios días. Pero por alguna extraña razón, se entiende que las redes sociales son solo aquellas con un perfil donde compartir contenido de manera explícita. Pero no aquellas otras donde el objetivo es meramente consumo, como es el caso de YouTube, donde si… cada cual puede crearse un perfil y simplemente compartir contenido en formato de video libremente. Y dependiendo de la calidad (me río de mi propia hipocresía) o el tema, puede que llegue a más personas que decidan seguir tu canal. Tal cual como sucede con Instagram, Facebook y Twitter.

Rayos… ahora me acuerdo de que tengo Facebook. Pero es que solo lo uso por el Marketplace y porque tengo una fan page que no recuerdo por qué motivos la hice. Pero bueno… muy de vez en cuando comparto contenido que me parece interesante para mis cero suscriptores.

Pero desde que la vida tal cual la conocía cambió en el año 2020 con la pandemia, cuando experimenté un cambio radical en cuanto a mi estilo de vida y comencé a intentar trabajar desde casa, entre crisis existenciales por estar constantemente expuesto a la idea de ser uno más en las estadísticas de los medios que ponían todo esto como el fin de la especie humana, y la futilidad de mi trabajo como web master para una institución gubernamental que no es más que un pozo sin fondo de recursos públicos que solamente sirven para los intereses políticos del partido populista de turno en la presidencia. Comencé a pasar bastante tiempo dando vueltas a lo pendejo en YouTube, viendo un video sugerido tras otro. Básicamente como hacían nuestros papás frente a la televisión luego de un largo día de trabajo. Pero con la diferencia de que esto lo comencé a hacer durante mis horas de trabajo no supervisado como un medio de escape a tareas que no me interesaban ni me siguen interesando en lo más mínimo.

Fue aquí cuando comenzó una adicción a la que aún no encuentro salida, y que viene siendo la mayor de todas. Ver contenido de entretenimiento como un idiota durante una cantidad de horas realmente insana. Consumiendo tanta información que mi mente no puede realmente procesarla y termina convirtiéndola en ruido. E incluso alejándome de actividades que legítimamente disfruto bastante como leer libros de ficción y leer artículos sobre ciencia y tecnología en algunos blogs especializados (Techcetera e Hipertextual, los extraño).

Pero creo que una de las mayores trampas en las que caí de manera inconsciente, y que de seguro es la misma que tiene atrapados en el vicio a otros como yo, es la manera en la que está diseñado “el algoritmo” de sugerencias y como esta crea una cámara de eco que nos mantiene todo el tiempo escuchando opiniones sobre puntos de vista que ya tenemos o que se asume, por nuestros hábitos de consumo, que podemos de estar de acuerdo una vez las escuchemos. Principalmente opiniones políticas, en un sentido muy superficial de la palabra “política”.

Pues no hay nada más satisfactorio para una enorme cantidad de personas, que sentir que tenemos la razón. O que todos son tontos menos nosotros y que de alguna forma encontramos contenido de unos cuantos iluminados más que tienen esa perspectiva correcta sobre lo que es verdad, sobre lo que está bien y lo que no lo está. Metiéndonos así en una burbuja donde a diferencia a como sucede en Twitter o Facebook, no buscan retenernos a través de discusiones a través de comentarios (aunque estas sean normales en casi cualquier video que se publique). Mostrándonos deliberadamente opiniones que chocan con nuestros puntos de vista. Sino que reafirman nuestras posiciones y técnicamente nos alejan de cualquier opinión o paradigma contrario.

Si bien es cierto que igual se encuentra como sugerido, contenido que “el algoritmo” sabe que es contrario a nuestras posiciones. Bueno, es que también la polémica es algo que vende. Y los datos dejan bien en claro que es muy PERO MUY probable que caigamos en la trampa de ir a discutir en los comentarios con esos que son tan tontos que no pueden ver el mundo tal cual y como nosotros lo apreciamos desde nuestra burbuja inflada a base de sesgo de confirmación y mucho ego. Y mejor aún (para ellos $$$), que compartamos ese contenido que no nos gusta, para exponer a nuestro círculo, esa panda de payasos que andan por la vida todo equivocados creando videos con algún errado según nuestro propio criterio.

Pero hay que tomar en cuenta que esto es solo una opinión de un desarrollador web que ni siquiera vive de su profesión. No soy ningún profesional de la conducta humana ni esto viene como producto de alguna investigación sustentada en datos. ES SOLO UNA OPINIÓN DESDE MI EXPERIENCIA PERSONAL luchando contra la necesidad de estar todo el día viendo un video tras otro como un medio de escape a una realidad con la que no me siendo cómodo en ningún sentido, y de igual forma que como lo hace un adicto a las drogas (tema con el que tengo experiencia…). Eludir de cualquier tipo de responsabilidad laboral o académica que esté alejada de mi verdadero interés intelectual y/o emocional. Ya que vivimos en una época donde poco valen nuestros intereses personales si estos no son capaces de convertirse en una fuente de capital, que es lo que al final del día paga las cuentas.